Cuando una persona que queremos está pasando por una depresión, es normal que no sepamos muy bien qué hacer.
Queremos ayudar, pero a veces no encontramos las palabras adecuadas. Podemos preocuparnos, insistir, intentar animarla o darle consejos con la mejor intención… y, sin embargo, algunas de estas cosas pueden hacer que una persona con depresión se sienta todavía más incomprendida, culpable o sola.
La depresión no siempre es fácil de entender desde fuera. De hecho, uno de los principales problemas a los que se enfrentan muchas personas con depresión es precisamente la dificultad de explicar lo que les ocurre a quienes las rodean.
Desde fuera puede parecer que simplemente están tristes, que han perdido la motivación o que necesitan «poner un poco de su parte». Pero la depresión es mucho más que estar triste. Puede afectar al estado de ánimo, la energía, la motivación, el sueño, el apetito, la concentración, las relaciones y la capacidad para disfrutar de actividades que antes resultaban agradables.
Por eso, conocer algunos de los comentarios y mitos más habituales sobre la depresión puede ayudarnos a acompañar mejor a quien está sufriendo.
En este artículo encontrarás 6 frases que no ayudan a una persona con depresión, por qué pueden resultar perjudiciales y algunas alternativas que pueden facilitar un acompañamiento más comprensivo.
1. «Tienes que poner de tu parte»
Quizá uno de los comentarios más frecuentes cuando alguien está atravesando una depresión sea:
«Tienes que esforzarte un poco».
«Si quisieras estar mejor, podrías».
«Tienes que cambiar de actitud».
Aunque normalmente se dicen con la intención de animar, estas frases pueden aumentar la sensación de culpa de una persona con depresión.
Pero la depresión no es falta de voluntad.
Cuando una persona está deprimida, cosas que para nosotros pueden parecer sencillas pueden suponer un esfuerzo enorme. Levantarse de la cama, ducharse, trabajar, cocinar, hacer la compra o incluso responder a un mensaje pueden convertirse en tareas difíciles.
La pérdida de energía y motivación asociada a la depresión puede hacer que actividades cotidianas requieran un esfuerzo que desde fuera no siempre podemos percibir.
Decirle que «ponga de su parte» puede hacer que interprete que está fallando también en esto: primero por sentirse mal y después por no ser capaz de recuperarse.
En lugar de preguntarle por qué no hace más, podemos preguntarle qué necesita para que ese pequeño paso sea un poco más fácil.
Por ejemplo:
«¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte hoy?»
A veces, ayudar a alguien con depresión no consiste en exigirle más, sino en facilitar pequeños pasos.
2. «Pero si no tienes motivos para estar así…»
Este comentario suele hacerse desde la intención de ayudar:
«Tienes una familia que te quiere»
«Tienes trabajo»
«No te falta de nada»
«Mira todo lo bueno que tienes»
Sin embargo, la depresión no siempre aparece porque exista un problema concreto que podamos señalar.
Una persona puede tener una vida aparentemente maravillosa y, aun así, encontrarse profundamente deprimida.
Tener trabajo, pareja, familia, amigos o estabilidad económica no protege necesariamente frente a la depresión. El sufrimiento emocional no siempre puede explicarse desde las circunstancias externas de una persona.
El sufrimiento no necesita justificarse para ser real.
Cuando intentamos demostrarle a alguien que «debería estar bien», podemos transmitir involuntariamente que sus emociones no son válidas.
En lugar de buscar razones para convencerle de que debería sentirse mejor, podemos validar lo que está experimentando:
«Sé que quizá no entiendo exactamente lo que te está pasando, pero veo que lo estás pasando mal y estoy aquí contigo.»
Validar no significa estar de acuerdo con todos los pensamientos de una persona con depresión ni asumir que la situación no puede mejorar. Significa reconocer que su experiencia emocional es real y merece ser escuchada.
3. «Tienes que salir y distraerte»
Salir, relacionarse y recuperar actividades pueden formar parte de la recuperación de una depresión. Pero eso no significa que decir «sal de casa y diviértete» vaya a solucionar el problema.
Cuando alguien está deprimido, puede no tener energía ni ganas para hacer aquello que antes disfrutaba.
Una persona con depresión puede saber perfectamente que salir a caminar, quedar con amigos o realizar una actividad agradable podría hacerle bien y, aun así, no sentirse capaz de hacerlo.
Además, presionarle constantemente para que se anime puede hacer que sienta que está decepcionando a los demás.
A veces es más útil acompañar sin exigir:
«¿Quieres que demos un paseo juntos?»
En lugar de:
«Tienes que salir más»
La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es.
Cuando ofrecemos compañía en lugar de imponer una solución, reducimos la presión y hacemos que la persona pueda aceptar nuestra ayuda desde un lugar diferente.
4. «No pienses tanto»
Ojalá fuera tan sencillo.
Una persona con depresión no puede simplemente decidir dejar de tener pensamientos negativos.
Decirle «no pienses en eso», «intenta ser positivo» o «deja de darle vueltas» puede hacer que, además del sufrimiento provocado por la depresión, aparezca frustración por no conseguir controlar lo que piensa.
Los pensamientos negativos pueden formar parte de la experiencia depresiva y, en muchos casos, intentar eliminarlos directamente no resulta sencillo.
En lugar de intentar eliminar sus pensamientos, podemos ayudarle a no enfrentarse a ellos en soledad.
Escuchar, preguntar y estar presentes puede ser mucho más útil que intentar encontrar inmediatamente una solución.
Podemos preguntar:
«¿Quieres contarme qué estás pensando?»
O simplemente:
«Estoy aquí si necesitas hablar.»
No siempre podemos hacer desaparecer el malestar de una persona con depresión, pero sí podemos evitar que tenga que atravesarlo sintiéndose completamente sola.
5. «Hay gente que está mucho peor»
Comparar el sufrimiento rara vez ayuda.
Que otra persona esté pasando por una situación más difícil no hace que el dolor de quien tenemos delante sea menos importante.
No necesitamos decidir si alguien «tiene motivos suficientes» para estar deprimido.
La depresión no es una competición en la que solo pueda sentirse mal quien tiene más problemas.
Además, escuchar que «hay gente que está peor» puede hacer que una persona con depresión piense que no tiene derecho a sentirse como se siente o que debería ocultar su sufrimiento.
Podemos reconocer su sufrimiento sin compararlo con el de nadie.
En lugar de comparar, podemos decir:
«Entiendo que para ti esto está siendo muy difícil.»
No necesitamos tener una explicación perfecta para poder acompañar.
6. «Antes eras otra persona»
Es posible que durante una depresión cambien muchas cosas: el humor, la energía, las relaciones, los intereses o la manera de comportarse.
Pero es importante recordar que la persona no es la depresión.
Quizá ahora no pueda ser exactamente como era antes. Compararla continuamente con su versión anterior puede generar culpa y sensación de fracaso.
Frases como:
«Antes eras más alegre»
«Ya no haces nada»
«Ya no eres tú»
pueden expresar nuestra preocupación, pero también pueden aumentar la presión que ya siente una persona con depresión.
En lugar de decir:
«Ya no eres tú»,
podemos transmitir:
«Sé que ahora estás pasando por un momento diferente y no tienes que atravesarlo solo/a.»
La depresión puede modificar temporalmente muchas áreas de la vida, pero no define el valor ni la identidad de la persona que la está atravesando.
No convertirnos en su terapeuta
Cuando queremos mucho a alguien con depresión, podemos sentir que tenemos que encontrar la solución.
Podemos buscar información sobre depresión, recomendar libros, insistir en que haga determinadas actividades o intentar analizar constantemente lo que le ocurre.
Pero acompañar no significa responsabilizarnos de su recuperación.
Podemos escuchar, ofrecer ayuda, animar a buscar apoyo profesional y facilitar algunas cosas del día a día. Pero no podemos hacer terapia a nuestra pareja, nuestro hijo, nuestra madre o nuestro amigo.
Y tampoco tenemos que estar disponibles las 24 horas.
Cuidar de alguien con depresión también implica cuidar de nosotros mismos.
Establecer límites no significa abandonar a la persona. Significa reconocer que nosotros también tenemos necesidades y que acompañar un proceso de depresión puede resultar emocionalmente exigente.
Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a una persona con depresión?
A veces ayudar a alguien con depresión consiste en cosas mucho más sencillas de lo que pensamos.
No necesitamos convertirnos en expertos en salud mental ni encontrar las palabras perfectas. En muchas ocasiones, nuestra presencia y nuestra disposición a escuchar pueden ser un apoyo importante.
Escuchar sin juzgar
No siempre necesitamos tener una respuesta.
A veces basta con poder decir:
«Te escucho.»
«No tienes que explicármelo todo.»
«Estoy aquí.»
Escuchar no significa solucionar. Significa ofrecer un espacio en el que la persona pueda expresar cómo se siente sin miedo a ser juzgada.
Ofrecer ayuda concreta
Cuando alguien está pasando por una depresión, una pregunta general como «¿Necesitas algo?» puede ser difícil de responder.
Podemos proponer algo específico:
«¿Quieres que te acompañe al médico?»
«¿Te preparo algo de comer?»
«¿Quieres que salgamos a dar una vuelta?»
«¿Quieres que te ayude con la compra?»
Las propuestas concretas pueden hacer que aceptar ayuda resulte más sencillo.
Respetar su ritmo, pero sin desaparecer
Una persona con depresión puede rechazar algunos planes y necesitar espacio.
Eso no significa necesariamente que no quiera nuestra compañía.
Podemos seguir haciéndole saber que estamos disponibles sin presionarla:
«No pasa nada si hoy no te apetece. Si mañana quieres que hagamos algo juntos, aquí estoy.»
Acompañar no significa insistir constantemente. Significa mantener una presencia disponible y respetuosa.
Animarla a buscar ayuda profesional
Si el malestar persiste, es intenso o está interfiriendo significativamente en su vida, podemos plantearle la posibilidad de acudir a un profesional de la salud mental.
En algunos casos, la depresión requiere un tratamiento psicológico y, dependiendo de las circunstancias, puede ser necesario valorar también otras opciones de tratamiento con profesionales sanitarios.
La recomendación de buscar ayuda profesional debería hacerse desde el cuidado y no desde el reproche.
No:
«Necesitas ir al psicólogo.»
Sino:
«Creo que estás sufriendo mucho y quizá no tengas por qué afrontar esto tú solo/a. Si quieres, puedo ayudarte a buscar ayuda.»
Y, sobre todo, no olvidemos esto
Acompañar a una persona con depresión puede ser difícil.
Podemos sentir impotencia, preocupación, cansancio o incluso frustración. Podemos querer ayudar y no saber cómo hacerlo. Y eso no significa que lo estemos haciendo mal.
No necesitas tener las palabras perfectas ni encontrar la solución.
Muchas veces, una de las formas más importantes de ayudar a una persona con depresión es transmitirle:
«No entiendo completamente lo que estás viviendo, pero no voy a juzgarte por sentirte así. Estoy aquí y podemos buscar ayuda juntos.»
Porque acompañar no significa conseguir que alguien deje de estar triste.
Significa que no tenga que sentirse solo mientras atraviesa un momento difícil.
La depresión puede hacer que una persona se sienta aislada, incomprendida y sin esperanza. Por eso, encontrar una forma de acompañarla desde la empatía, el respeto y la paciencia puede marcar una diferencia importante.
No podemos hacer que la depresión desaparezca por otra persona.
Pero sí podemos ayudar a que no tenga que enfrentarse a ella sintiéndose sola.
Si eres familiar o amigo de alguien con depresión…
Recuerda también que tú no eres responsable de curarle.
Puedes acompañar, escuchar y ofrecer apoyo, pero la recuperación corresponde a un proceso que debe construirse con la propia persona y, cuando sea necesario, con profesionales.
Cuidar a alguien con depresión puede resultar agotador. Por eso, es importante que también prestes atención a tus propios límites, emociones y necesidades.
Y si en algún momento expresa que no quiere seguir viviendo, habla de hacerse daño o percibes un riesgo inmediato, es importante tomarlo en serio y buscar ayuda profesional urgente, sin dejar a la persona sola ante una situación de peligro.

