Cuando hablamos de obesidad y salud, solemos pensar inmediatamente en las consecuencias físicas asociadas al exceso de peso. Sin embargo, existe otro factor que merece nuestra atención: el estigma y la discriminación relacionados con el peso corporal.
El estrés que genera sentirse juzgado, rechazado o discriminado por el propio cuerpo puede tener consecuencias tanto psicológicas como físicas. Una de las respuestas del organismo ante el estrés implica la liberación de cortisol, una hormona que favorece el almacenamiento de grasa y puede influir en la conducta de ingesta. Los niveles elevados de cortisol se han relacionado con problemas de salud como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares. Estas alteraciones, además, también aparecen habitualmente asociadas a la obesidad.
Esto lleva a plantear una cuestión importante: ¿podrían atribuirse algunas de las consecuencias negativas para la salud que habitualmente relacionamos con la obesidad, al menos en parte, al estigma que sufren las personas por su peso y no únicamente a la obesidad en sí misma?
La gordofobia afecta a la salud mental
La gordofobia o estigma de peso se ha asociado con una mayor incidencia, riesgo y presencia de diferentes experiencias emocionales negativas vinculadas al estrés, como la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y la insatisfacción corporal.
Pero sus consecuencias no terminan ahí. También se ha observado una mayor tasa de aislamiento social entre las personas que sufren discriminación debido a un IMC elevado. Asimismo, la estigmatización y la insatisfacción corporal se han relacionado con sentimientos de culpabilidad y una menor autoestima. Es decir, el estigma no es simplemente una experiencia desagradable. Puede convertirse en una fuente de estrés que afecta al bienestar psicológico y a la relación que una persona mantiene consigo misma y con su propio cuerpo.
¿Y qué ocurre con la alimentación?
Existe también evidencia empírica que relaciona la gordofobia con la conducta de ingesta.
Paradójicamente, avergonzar o discriminar a una persona por su peso puede dificultar precisamente aquello que se pretende conseguir: que adopte hábitos saludables o pierda peso. La estigmatización y la discriminación se han relacionado con una mayor ingesta de alimentos en las personas que las experimentan, lo que puede perjudicar sus intentos de perder peso.
Por ello, existe una base de evidencia que plantea que el aumento de la conducta de ingesta puede ser una de las posibles respuestas tras sufrir gordofobia. Además, en un estudio se encontró que las personas no obesas que habían experimentado discriminación por su peso tenían una mayor probabilidad de desarrollar obesidad durante los cuatro años siguientes que aquellas que no habían sufrido este tipo de discriminación. Esto resulta especialmente relevante porque muestra que el estigma no es necesariamente una consecuencia de la obesidad: también puede contribuir a procesos relacionados con el aumento de peso.
Cuando ir al gimnasio genera miedo
El ejercicio físico es otro ámbito en el que el estigma puede convertirse en una barrera.
Uno de los obstáculos que pueden encontrar las personas con sobrepeso u obesidad para realizar actividad física son precisamente las experiencias de estigmatización relacionadas con su peso. La conciencia del estigma sobre el peso —es decir, anticipar que otras personas pueden juzgar, estereotipar o discriminar a alguien por pertenecer a un determinado grupo— se ha relacionado con una menor percepción de competencia para realizar actividad física.
Además, la gordofobia se ha asociado con la evitación del ejercicio físico. En una muestra, las personas que habían experimentado mayores niveles de estigma mostraban una mayor tendencia a evitar el ejercicio o determinadas situaciones relacionadas con él. También expresaban sentimientos de vergüenza e incomodidad al acudir a gimnasios, donde podían sentir que iban a ser juzgadas por otras personas.
Y existe otro elemento importante: se ha encontrado un fuerte sesgo anti-gordura entre profesionales del fitness y personas que practican ejercicio físico de manera habitual. Esto puede convertir espacios que deberían favorecer la salud —como gimnasios y centros deportivos— en lugares percibidos como hostiles o inseguros para las personas con sobrepeso u obesidad.
La gordofobia también produce consecuencias en la salud física
La discriminación por el peso constituye una experiencia social estresante que puede perjudicar tanto la salud física como la mental. En concreto, el trato injusto debido al peso corporal no solo se ha relacionado con el sufrimiento psicológico y la morbilidad, sino también con el riesgo de mortalidad.
De hecho, se ha observado que el efecto de la gordofobia sobre la mortalidad es mayor que el de otros tipos de discriminación y comparable al de otros factores de riesgo, como los antecedentes de tabaquismo y la carga de enfermedad. Según algunos autores, únicamente otra forma de discriminación —la basada en la discapacidad física— mostró también una asociación con el riesgo de mortalidad.
Por tanto, estos datos plantean la posibilidad de que el efecto perjudicial de la gordofobia pueda llegar a ser mayor que el efecto perjudicial sobre la salud atribuido al sobrepeso y la obesidad.
Uno de los factores que podría contribuir a este riesgo es que la discriminación relacionada con el peso puede proceder incluso de personas cercanas. Precisamente aquellas de quienes, en principio, esperaríamos apoyo y protección ante situaciones estresantes pueden convertirse también en una fuente de estigma. Además, las burlas relacionadas con el peso durante la infancia parecen constituir algunas de las primeras experiencias de estigmatización que experimentan las personas con obesidad.
Existe, además, una particularidad que diferencia a la gordofobia de otras formas de discriminación: comer es una necesidad básica para sobrevivir. La propia conducta de alimentarse puede convertirse en un contexto en el que una persona sea juzgada o estigmatizada. Esto significa que las oportunidades para experimentar este tipo de discriminación pueden repetirse muchas veces a lo largo de un mismo día.
El estigma no afecta únicamente a las personas con obesidad
El impacto de la gordofobia tampoco parece limitarse a las personas que presentan obesidad o sobrepeso.
En un estudio se observó una mayor insatisfacción corporal y una menor autoestima en personas que habían experimentado estigmatización, incluso después de controlar la variable IMC. Esto apunta a una relación positiva entre el estigma de peso y la insatisfacción corporal, y sugiere que la gordofobia puede afectar incluso a personas que no son objetivamente clasificadas como obesas o con sobrepeso.
En otras palabras, no es necesario tener obesidad para sufrir las consecuencias psicológicas de vivir en una sociedad en la que determinados cuerpos son constantemente juzgados y valorados de manera diferente.
¿Por qué existe la gordofobia?
Una parte importante de la explicación se encuentra en la forma en la que nuestra sociedad entiende el cuerpo. La cultura es uno de los factores que ha favorecido este fenómeno estigmatizante. En un contexto marcado por el culto al cuerpo y por un determinado canon de delgadez, la obesidad puede percibirse como una transgresión de esa «normalidad» o de la norma corporal establecida culturalmente.
Así, engordar puede significar dejar de tener un cuerpo socialmente considerado aceptable, con todas las preocupaciones y consecuencias que esto puede generar.
Avergonzar a alguien no es una estrategia de salud
Las personas son estigmatizadas simplemente por estar gordas. El peso se ha convertido así en una fuente de estrés social que puede perjudicar la salud, en parte debido a una creencia muy extendida: que avergonzar a una persona por su peso hará que se sienta motivada para reducirlo y adoptar conductas más saludables.
Sin embargo, la evidencia disponible no respalda que esta estrategia funcione de esta manera. De hecho, la discriminación puede dificultar los esfuerzos de las personas con obesidad por adoptar estilos de vida saludables, al mismo tiempo que puede generar sufrimiento emocional y patrones alimentarios poco saludables. Además de relacionarse con un aumento de la morbilidad y del riesgo de mortalidad, como comentábamos.
Por eso, hablar de gordofobia no significa negar las posibles consecuencias que la obesidad puede tener sobre la salud. Significa reconocer que la discriminación y el estigma también forman parte del problema y que no deberían utilizarse como herramientas para promover la salud.
Si realmente queremos favorecer hábitos saludables, necesitamos entornos en los que las personas puedan cuidar de su salud sin sentirse humilladas, juzgadas o rechazadas por su cuerpo.
Reducir la gordofobia no significa dejar de hablar de salud. Significa hablar de salud sin convertir el cuerpo de una persona en motivo de vergüenza.
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