La terapia de pareja es un proceso de intervención psicológica dirigido a trabajar las dificultades que pueden aparecer dentro de una relación. Como su nombre indica, se realiza habitualmente con ambos miembros de la pareja, por lo que la mayoría de las sesiones, y en algunos casos todas, se llevan a cabo conjuntamente.
Puede haber ocasiones en las que sea necesario reforzar determinada información o trabajar alguna conducta con uno de los miembros de la pareja. En estos casos, se valorará si es conveniente realizar alguna sesión individual dentro del proceso terapéutico.
El objetivo final de la terapia de pareja es mantener la relación, trabajando aquellos aspectos que están dificultando el vínculo y favoreciendo formas más saludables de comunicación, expresión emocional y resolución de conflictos. Sin embargo, en ocasiones la terapia de pareja funciona como un espacio de toma de decisiones hacia la continuación o no de la pareja.
Pero ¿cómo saber cuándo una pareja puede beneficiarse de una terapia de pareja? ¿Cuáles son las señales de que una relación está deteriorándose?
A continuación, repasamos algunos de los principales factores que pueden afectar a la relación y también algunos elementos que pueden ayudar a proteger y fortalecer el vínculo.
¿Cuándo hablamos de terapia de pareja y cuándo de mediación familiar?
No se considera terapia de pareja cuando la pareja acude con la decisión del divorcio ya tomada.
En estos casos, hablamos de mediación familiar, cuyo objetivo es llegar a acuerdos de forma que la decisión perjudique lo menos posible a los miembros de la pareja y a sus hijos, si los hubiera.
La diferencia es importante porque los objetivos son distintos. Mientras que la terapia de pareja busca trabajar sobre la relación y mantenerla, la mediación familiar se centra en facilitar acuerdos cuando la separación o el divorcio ya se ha decidido.
¿Se puede hacer terapia de pareja si existe violencia?
Tampoco hablaríamos de terapia de pareja si existe violencia o agresiones en la pareja.
Consideramos que la base de una pareja es el respeto y, sin él, no se pueden construir el resto de elementos de una relación sana.
En los casos más leves se ofrece la terapia por separado para restaurar este elemento fundamental y posteriormente se valora la posibilidad de realizar terapia de pareja.
La seguridad y el respeto deben ser siempre una condición básica para poder trabajar sobre la relación.
8 señales de deterioro en la pareja
Los conflictos en la pareja son algo normal. De hecho, la terapia de pareja va más allá de la simple resolución de conflictos.
Uno de los objetivos de la terapia es que la pareja aprenda a manejar los conflictos mediante la modificación de patrones de comunicación dañinos y la expresión emocional.
Por eso, tener conflictos no significa necesariamente que una relación esté destinada a terminar.
Si no tienes claro si tu pareja y tú necesitáis hacer terapia de pareja, a continuación explicamos algunos factores que pueden deteriorar la relación.
Que una relación tenga signos de deterioro no quiere decir que el final sea inminente. Depende del nivel de deterioro: cuanto más deteriorada esté la relación, más difícil puede ser volver a reconstruirla poco a poco, pero no es imposible.
Sin embargo, es recomendable tratar los problemas antes de que se enquisten demasiado y repercutan en otras partes de la relación.
1. Uso del desprecio
El desprecio aparece cuando una persona transmite a su pareja que es inferior, incompetente, ridícula o que no merece ser tomada en serio.
Puede manifestarse mediante insultos, burlas, gestos de superioridad, miradas de desdén o comentarios que atacan directamente a la persona en lugar de centrarse en el problema.
No es lo mismo decir:
«Me ha molestado mucho lo que has hecho»
que:
«Eres un desastre, contigo no se puede hablar».
En el segundo caso, ya no se está cuestionando una conducta concreta, sino descalificando a la persona.
Cuando el desprecio se convierte en una dinámica habitual, puede deteriorar profundamente la autoestima y la seguridad dentro de la relación, haciendo que uno de los miembros sienta que nunca es suficientemente bueno o que sus opiniones no tienen valor.
Este tipo de dinámica puede ser una señal importante de deterioro en la pareja y uno de los motivos por los que puede ser recomendable solicitar ayuda psicológica.
2. Crítica constante
En cualquier relación pueden existir quejas o desacuerdos.
El problema aparece cuando la crítica deja de dirigirse a una conducta concreta y empieza a convertirse en una valoración constante de la persona.
Comentarios como:
«Siempre haces lo mismo».
«Nunca haces nada bien».
«Eres demasiado egoísta».
pueden terminar generando la sensación de estar continuamente bajo examen.
Una crítica puntual puede ayudar a expresar una necesidad o resolver un problema. Una dinámica de crítica constante en la pareja, en cambio, puede hacer que la otra persona se sienta cuestionada, insuficiente o incapaz de hacer las cosas bien.
Con el tiempo, esto puede llevar a que la pareja deje de sentirse como un lugar seguro donde poder equivocarse, expresar necesidades o mostrarse vulnerable.
En terapia de pareja, aprender a diferenciar entre expresar una queja sobre una conducta concreta y atacar globalmente a la persona puede ser un aspecto importante del trabajo terapéutico.
3. Ironía y sarcasmo
La ironía y el sarcasmo no son necesariamente negativos.
En muchas parejas forman parte del sentido del humor y pueden ser una forma de compartir complicidad.
La dificultad aparece cuando se utilizan para atacar, ridiculizar o expresar hostilidad de una manera indirecta.
Por ejemplo, decir:
«¡Qué sorpresa, has llegado puntual!»
cuando la pareja llega tarde puede parecer una simple broma.
Pero si este tipo de comentarios se utiliza repetidamente para ridiculizar al otro, especialmente cuando sabe que le molesta, puede convertirse en una forma de desprecio.
Una buena pregunta para distinguir el humor de una interacción dañina es:
¿Los dos se ríen o uno se ríe mientras el otro se siente humillado?
Cuando el sarcasmo se utiliza de forma habitual para expresar enfado, superioridad o resentimiento, puede deteriorar la confianza y hacer que la comunicación se vuelva cada vez más hostil.
4. Ausencia de muestras de afecto físico o verbal
El afecto también forma parte de la comunicación de pareja.
Un abrazo, un beso, una caricia, decir «te quiero», reconocer algo que valoramos del otro o simplemente mostrar interés pueden transmitir cercanía y seguridad emocional.
Por eso, la ausencia persistente de muestras de afecto puede generar distancia dentro de la relación, especialmente cuando uno de los miembros necesita expresiones de cariño para sentirse conectado con su pareja.
No significa que todas las personas tengan que demostrar afecto de la misma manera ni con la misma frecuencia. Cada pareja tiene sus propias formas de expresar cariño.
El problema aparece cuando el afecto desaparece de manera prolongada, cuando se rechazan sistemáticamente las muestras de cercanía o cuando se utiliza deliberadamente la retirada de afecto para castigar o controlar al otro.
Una relación saludable no implica estar constantemente demostrando cariño, pero sí encontrar formas de hacerle saber a la otra persona:
«Estoy aquí, te veo, te valoro y nuestra relación me importa».
Factores protectores de una relación de pareja
Ninguna relación de pareja es perfecta.
En todas las parejas pueden existir momentos de desconexión, desacuerdos, etapas difíciles o conflictos.
Sin embargo, uno de los aspectos fundamentales para una relación exitosa es que los momentos positivos sobrepasen a los negativos, es decir, que la relación compense.
Para que quede un poco más claro, aquí dejamos algunos factores protectores de la pareja que pueden aumentar la conexión y contribuir a una relación más satisfactoria.
5. Humor
El humor puede ser una de las formas más sencillas de crear conexión dentro de una pareja.
Compartir bromas, reírse juntos o tener pequeños códigos que solo vosotros entendéis ayuda a generar complicidad y a disfrutar de la relación más allá de las responsabilidades y los problemas cotidianos.
El humor también puede ayudar a aliviar la tensión en determinados momentos, siempre que no se utilice para evitar conversaciones importantes o para ridiculizar al otro.
La clave está en que el humor acerque, no que hiera.
Reírse juntos puede fortalecer el vínculo; reírse del otro, especialmente cuando sabe que le incomoda, puede generar distancia.
6. Momentos de intimidad
La intimidad no se limita a las relaciones sexuales.
También incluye aquellos momentos en los que una pareja puede sentirse cerca emocionalmente: hablar tranquilamente, abrazarse, compartir una preocupación, darse un beso antes de salir de casa o simplemente disfrutar de un rato juntos sin estar pendientes de otras cosas.
En el día a día es fácil que el trabajo, las responsabilidades, las pantallas o el cansancio ocupen prácticamente todo nuestro tiempo.
Por eso, crear espacios para reencontrarse como pareja puede ser especialmente importante.
La intimidad también implica poder mostrarse vulnerable y sentir que podemos compartir lo que pensamos o sentimos sin miedo a ser juzgados, ridiculizados o rechazados.
7. Rituales de conexión
Las relaciones también se construyen a través de pequeños gestos que se repiten en el tiempo.
Un mensaje durante el día, desayunar juntos los domingos, darse un beso al llegar a casa, preguntar cómo ha ido algo importante o tener una cita semanal pueden convertirse en pequeños rituales de conexión en pareja que mantienen viva la cercanía.
No tienen que ser grandes planes ni requerir mucho tiempo.
Lo importante es que tengan un significado para la pareja y que ambos los reconozcan como momentos de encuentro.
Estos rituales pueden proporcionar una sensación de continuidad y cercanía, especialmente durante etapas en las que las obligaciones hacen que sea difícil encontrar grandes momentos para compartir.
8. Gratitud y admiración
Sentir que nuestra pareja nos valora y que reconoce aquello que hacemos puede marcar una diferencia importante en la relación.
A veces damos por hecho las cosas buenas que hace la otra persona y prestamos mucha más atención a aquello que nos molesta.
Expresar gratitud permite poner también el foco en lo que funciona:
«Gracias por encargarte de esto».
«Me ha gustado mucho que estuvieras ahí para mí».
«Valoro mucho cómo cuidas de nuestra familia».
La admiración va un paso más allá: implica reconocer cualidades de nuestra pareja que valoramos, como su sentido del humor, su sensibilidad, su esfuerzo, su forma de afrontar las dificultades o cualquier otra característica que nos haga sentir orgullo de compartir nuestra vida con ella.
Una relación sana no significa no tener conflictos ni dejar de ver los defectos del otro.
Significa que los aspectos positivos de la persona y de la relación también tienen espacio y son expresados.
Cuando una pareja puede sentirse apreciada, reconocida y valorada, es más fácil construir un vínculo basado en la seguridad y la conexión.
¿Cuándo acudir a terapia de pareja?
No es necesario esperar a que la relación esté completamente deteriorada para buscar ayuda.
La terapia de pareja puede ser un espacio para comprender qué está ocurriendo entre ambos, identificar patrones de comunicación que están generando malestar y aprender nuevas formas de relacionarse.
Algunas señales que pueden indicar que sería conveniente consultar son:
- los mismos conflictos se repiten una y otra vez sin encontrar una solución
- las discusiones se han vuelto frecuentes o especialmente intensas
- existe una comunicación basada principalmente en críticas, desprecio o sarcasmo
- la pareja ha perdido espacios de intimidad y conexión
- uno o ambos miembros sienten que ya no son escuchados
- existe una distancia emocional cada vez mayor
- las muestras de afecto han disminuido de forma significativa
- los problemas de pareja empiezan a afectar a otras áreas de la vida
Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado.
En muchos casos, puede ser precisamente una forma de cuidar la relación antes de que los problemas se enquisten.
La terapia de pareja no busca conseguir una relación sin conflictos. Busca que ambos miembros puedan aprender a gestionar las dificultades de una manera más saludable y construir una relación en la que exista respeto, comunicación, conexión y seguridad emocional.
Porque una pareja sana no es aquella que nunca discute.
Es aquella que puede atravesar los conflictos sin dejar de cuidarse mutuamente.

